
Dije sí, pero justo esa palabra acabó siendo mi propia ruina. Sentí como mi mundo se derrumbaba cada vez que él me susurraba al oído cuanto me quería, efímero el sentimiento, triste la expresión. Creía que si conservaba su corazón congelado, junto a mí, siguiendo con él y sus andares, entonces volvería a mí, no se separaría nunca de mi lado.
Pero menuda gran mentira...
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